Otra ley de educación

 He oído estos días que desde la transición hemos tenido 8 leyes educativas. Y estamos en la decimocuarta legislatura. La UCD estuvo dos legislaturas, el PSOE, cuarto, dos del PP y otras dos del PSOE, otras dos del PP, y la decimotercera y la actual del PSOE. Cada una de ellas, cada cambio de gobierno, ha establecido una reforma educativa basada en sus principios políticos; ninguna de ellas en la mejorar la calidad de la enseñanza.

En España se dedica algo menos de 4% a la educación, cifra que en países vecinos llega, como en Suecia, al 6%. Nuestro país sigue, y seguirá, a la baja en el informe PISA. Pero porque la educación no se sitúa como una cuestión de estado, sino como una cuestión de partido. Y mientras los estudiantes son cada vez menos funcionales, los profesores no saben cómo montar una programación decente que vayan a tener que cambiar cuando cambie el gobierno y nuestra sociedad asiste estupefacta a una discusión que no debería existir.

La educación, efectivamente, es una cuestión de estado. Debería haber principios básicos e intocables: calidad, reputación e igualdad en los centros educativos. De todas las Comunidades Autónomas. Debería prohibirse que cada C.A interprete a su antojo una ley en la que todos debemos ser iguales. Es decir, que lo que se estudia en Madrid sea lo mismo que en Castilla y León o en otros sitios. Que la ley, básicamente, no sea interpretable dependiendo de quién gobierne en cada lugar.

Pero al ser una cuestión política y no de estado, lo que sucede es justo lo contrario. Cada C.A haciendo uso de las competencias transferidas, hace de su capa un sayo y decide cómo y qué partes de la ley aplicar o no. Una vergüenza.

Pero el problema básico no es este, o no solo. El problema básico es que las personas dedicadas a la educación no han enseñado en mucho tiempo, no valoran lo que es la educación. No saben la enorme importancia de los profesores y de la transferencia de conocimiento. Al hacer política no preguntan a quién está educando y anteponen sus intereses ideológicos a los educativos. De ahí que dependiendo de quién gobierne la religión sea o no evaluable. En serio, ¿en qué país moderno la religión católica es parte de un curriculum educativo? Si me dicen que es porque la cultura hispana está fuertemente basada en el catolicismo podemos empezar a conversar: pero no se deben enseñar dogmas en una escuela, podemos hablar de las leyendas e historias que son representadas en el arte y en la literatura y que están íntimamente ligadas a la religión. Pero para eso no es necesario hacerlo desde el dogma. Cuando hablamos de la Mezquita de Córdoba no hablamos desde el islamismo, sino desde el arte. ¿Por qué no hacer lo mismo con el cristianismo? Y si alguien quiere recibir adoctrinamiento, que lo haga fuera del horario lectivo, por ejemplo. El único lugar que, en mi opinión, debe tener la religión en la escuela, es el mismo que tienen las mitologías griega y romana, comprender el origen de nuestra cultura pero sin imponer unas creencias en un dogma determinado.

O ¿cómo es posible que haya adolescentes cuya comprensión lectora o de crear pensamiento abstracto sea tan básica? Cambiamos los temarios, cambiamos los libros, pero ¿realmente esos cambios están pensados para hacer del estudiante una persona capaz de pensar por sí misma y de comprender textos complejos? No, la respuesta es así de drástica. Pero porque en lugar de bajar al nivel de la enseñanza, las personas que crean las leyes educativas, las hacen en abstracto, ajenas a las verdaderas necesidades de los estudiantes y de los `profesores. Ignorando el enorme trabajo que supone enfrentarse a los adolescentes, por ejemplo, en secundaria que es lo que me toca más de cerca. De verdad interesa que un estudiante sepa analizar ciertas oraciones cuando luego es incapaz de escribir correctamente y sin faltas de ortografía. De verdad es importante saber cientos de fechas históricas, cuando luego es incapaz de razonar. 

Pero, de nuevo, el problema es que en la educación se valora más la ideología del propio partido que la educación per se. Nos quieren, o quieren a los estudiantes, burros. Y los profesores hacen todo lo que está en su mano por salvar las formas, pero es que hacen lo que pueden con lo que les dan. Y a veces eso no es suficiente. Porque, honestamente, ¿por qué repetir es algo tan horrible? La vida, las malas decisiones, tiene sus consecuencias. Llegará el momento en que ese estudiante, que no repitió curso hace años, la cague en un trabajo y lo despidan. Y no entenderá el porqué. Bueno, porque cuando no haces tu trabajo pasan cosas. Y cuando no estudias, no puedes pasar al siguiente nivel porque no tienes los conocimientos, y no es el fin del mundo. Y lo dice alguien que se pegó la hostia de repetir y no sólo eso, sino que yo estaba en el antiguo BUP y me pasaron a la ESO y eso sí fue un trauma. Pero, hasta cierto punto, y con semejante golpe, y la mala hostia de mis padres, aprendí que había que salir adelante y mejorar y así lo hice. No perfectamente, pero...

El problema es que la enseñanza se confunde con la educación. Y no, no es lo mismo. La adquisición de conocimientos que es para lo que se va a los centros de enseñanza, es una cosa que debe ir acompañada de cierta educación. Pero a los muchachos se los educa en casa. Y sobreprotegerlos es un error de estrategia que, en mi opinión, cometen los padres para compensar el tiempo que no pasan con ellos. Pero una cosa fundamental, que decía en el anterior párrafo, es que hay que aprender a asumir consecuencias y eso no se aprende en clase ni en el centro. Se aprende en casa. Por eso es pernicioso que las leyes de educación permitan que se pase de curso sin realmente aprender. El estudiante no sólo no tendrá los conocimientos deseados, sino que seguirá siendo un analfabeto social que piensa que se puede ir por la vida haciendo cualquier cosa. Pero en serio ¿es el papel de los profesores y maestros de primaria y secundaria encauzar a los niños? Yo creo que no. El sistema educativo, las leyes, deben colaborar a que aquello que se aprende en casa se complete en la escuela, pero no que lo que hay que aprender en casa se aprenda en la escuela, que es muy diferente. Pero volvemos al principio: las leyes educativas no están hechas, necesariamente, por enseñantes. Sino por políticos. O por enseñantes metidos a políticos que hace años, décadas, que no pisan un aula. Que desconocen la realidad a la que se enfrenta un enseñante. Y, sobre todo, que nos quieren burros, que quieren que no seamos capaces de pensar por nosotros mismos ni que tengamos unos conocimientos básicos.

Mis abuelas, aún teniendo sólo la educación básica, sabían escribir sin faltas y con una redacción muy digna. Ahora eso es materialmente imposible. Mi abuela nació en 1912 y la otra 1918. Una de ellas cometía faltas de ortografía, pero su sintaxis y habilidad de escritura era envidiable, lo sé porque cuando murió leí algunas de sus cartas. Ahora los muchachos van a la escuela hasta los 16 y les cuesta horrores escribir y articular pensamientos. Tienen un montón de conocimientos y, sin embargo, carecen de la capacidad de usarlo. ¿Será que hemos hecho algo mal en estos 100 años? Sí, y eso a pesar de tener 8 leyes educativas, a cada cual peor. Pero esperemos a que cambie el gobierno y tengamos la novena. Llegará un momento en el que seguiremos debatiendo sobre la calidad de la enseñanza, pero será demasiado tarde para dar marcha atrás porque los que nos gobiernen serán fruto de las últimas reformas educativas.

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