Intemperie, Jesús Carrasco.

Había decidido recuperar la lectura. Últimamente apenas he leído. Durante años mis hábitos de lectura, devoraba libros, se veían apoyados por los trayectos en transporte público en Madrid (donde no vivo desde hace más de 10 años). Pero leer es también mi carrera y mi profesión por lo que, lentamente, fui dejando de encontrarle placer al acto de la lectura. Así pues, hace unas semanas decidí recuperar el hábito, forzarme a leer un poco cada día. No restringir la lectura a los momentos de coger un avión, el autobús o el metro. Leer cada día al menos 20 minutos. Dada la escasez de libros en español interesantes en este lado del Atlántico decidí recuperar el desempolvado libro electrónico que heredé de mi padre para descubrir poco después que en mi tablet también puedo leer, incluso más cómodamente que en el primer dispositivo y que puedo leer en distintos dispositivos a un tiempo porque gracias a la nube lo que hago en uno se trasmuta a otro. De esta manera, volví a leer y el primer libro en caer fue este que da título a esta primera entrada, recomendación de una amiga que lo leyó en un club de lectura.

Intemperie no es un mal libro, pero tampoco es un buen libro. Esto podría llevarme a decir que es un libro mediocre, pero mas que eso es un libro que se me hizo pesado. Demasiadas palabras para decir una cosa, demasiado barroco lo que, desde mi punto de vista (y este blog no es más que mi punto de vista) lo hace un poco rollo (por no decir coñazo).

El libro cuenta la historia de la huida de un niño y su encuentro y relación con un cabrero en una zona innominada pero descrita como tan árida que sólo leer las descripciones provoca sed. El paisaje es desolador y eso se transmite bien al lector. Pero a parte de eso, el resto parece innecesario.

Me dio la sensación de que los personajes son planos. El autor no profundizó en la psicología de los mismos, lo cual hubiera sido uno de los puntos fuertes de la novela. ¿Por qué el cabrero se comporta como se comporta? Apenas obtenemos rasgos fugaces de su personalidad: el que parece arisco es, sin embargo, amable y tiene sentimientos (no parece muy novedoso). El relato de su trabajo (cómo trata a las cabras y otros animales) resulta pesado ya que no lleva a ningún sitio. La religiosidad de este personaje que surge allí y allá no se entiende porque no se profundiza en la misma. Y de nuevo, sería un punto muy interesante si el autor hubiera sido capaz de detenerse en ella y ofrecernos una visión más cuidadosa de este tema ¿por qué un personaje que vaga por la intemperie lleva una biblia y quiere ser enterrado bajo una cruz? ¿Qué sentimientos religiosos tiene, de dónde surgen? Al final obtenemos un retrato simplista y plano de un cabrero que podría haber dado mucho de sí.

Con el niño protagonista tengo la misma sensación, especialmente en lo que se refiere a la relación con el cabrero. No se entiende bien cómo estos dos personajes entablan una relación que parece tan profunda, no parece lo es. Entre ellos nace algo, pero no queda claro cómo. De la desconfianza del principio, del desdén entre ambos surge, casi de la nada una amistad o, quizás, un amor, porque así parece inferirse de algunos comentarios. Sólo sabemos de qué huye el niño muy por sorpresa y no deja satisfecho al lector. Hemos estado leyendo de esa huida, incluso sobre los personajes de los que se huye, durante alrededor de cien páginas, pero no sabemos el motivo. Y en apenas dos o tres páginas se resuelve todo a modo de fogonazo y retrospectiva. Eso, en mi opinión, es trampa. Especialmente cuando nos hemos detenido en morosas descripciones que no llevaban a ningún sitio demasiado claro sobre el niño y su ser, que no sus sentimientos que no nos terminan de quedar claros.

El continuo antagonista es igual. Es una sombra que surge de la nada. Calificada como un ser terriblemente maligno pero sólo muy brevemente sabemos por qué. Es un personaje que también podría haber dado mucho juego ¿por qué huimos de él? ¿Qué esconde el alguacil para levantar ese temor? Pero no, es maligno, hace cosas terribles, suponemos, pero sólo en nos párrafos se nos dicen. Dadas todas las memorias que el niño comparte o tiene en el camino que recorremos con él, podríamos haber sido avisados, sutilmente, del motivo por el que huye del alguacil. Pero no, sabemos que huye de este fatídico personaje, pero sólo en unas pocas páginas, bien al final del libro se nos descubre todo el meollo. Mal.

A veces, las descripciones son largas, innecesarias, se recrean en, como dije, el barroquismo de las palabras hasta cansar. Comparaciones facilonas o simplonas que no satisfacen al lector.

"El perro le lamía una mano con la misma abrasividad con la que antes le humedecía el rostro y las encías", una palabra larga que siempre suena bien (aunque no exista)

"Regresó a la palmera, acalorado. La sombra de la alta copa ya no estaba sobre la camisa. La corteza e queso sudaba su grasa sobre la tela, formando un lamparón como un arrecife coralino. La lata ardía y tan solo las tiras de carne parecían no haber sufrido por la intemperie solar. Guardó los víveres en el morral, se puso la camisa y se preparó para descansar bajo la escueta sombra a la espera de que la tarde perdiera fuerza". Un párrafo que en el contexto no aporta nada, que parece deleitarse, demasiado, en las palabras en un preciosismo que, repito, es un poco coñazo, sobre todo porque el lector no sabe para qué sirve todo esto y porque no sabe hacia donde le llevan todas estas palabras innecesarias.

Son sólo un par de ejemplos de otros muchos que me sobran. Luego, repito, un final tan brusco, como si el escritor se hubiera cansado de describir. No sé.

Mi valoración un 4/10 y es mucho. Creo que la gente que le ha dado tanta coba se ha dejado llevar por un preciosismo que a mí, personalmente, me cansa en una novela. Cuando leo me gusta ver parcialmente hacia dónde va el escritor. Que haya, como quien dice, una cierta linealidad en la escritura. No me importan las sorpresas, en algunos libros se agradecen, pero estas deben estar bien hechas. Cuando pasas 100 páginas describiendo y 20 de acción, me parece una trampa del escritor. Si a eso añadimos los ya mencionados personajes planos...no, gracias.

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, amigo. Además, a mí me sucedió que no logré empatizar con el protagonista en ningún momento. Ni con ningún otro personaje. Me ha faltado eso.
    Por otro lado, yo resaltaría todoslos aspectos naturalistas de los que abusa el autor: descripciones de paisajes rudos y elementos desagradables de la realidad como las heridas, los animales muertos, las heces, etc., personajes marginales, determinismo ambiental... Ahora bien, se trata de un naturalismo de manual, artificioso y sobreexplotado.

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