Mejor la ausencia, Edurne Portela
En un viaje largo en avión he tenido la oportunidad de leer este libro. Terrible, poco recomendable. Tramposo.
Empiezo con el último adjetivo: tramposo porque engaña. El libro está compuesto de dos partes. La primera está bien hilada, con saltos temporales que hacen que la acción fluya. En un lugar sin determinar claramente, pero en la zona de la Ría de Bilbao, una niña crece en un ambiente asfixiante. El padre va y viene, sin comprenderse bien por qué. Cuando reaparece es un ser violento que despierta las antipatías del lector. La madre es un ser extraño que se da al alcohol. Los hijos son cuatro uno de ellos adicto a la heroína, miembro de esa generación perdida de los 80, y los otros dos son dos personajes que sólo aportan su psicología parcialmente. La cuarta, la única hija, es la protagonista de la historia y a través de cuyos ojos conocemos la historia que, sin embargo, es contada en tercera persona por un narrador externo. Otros personajes deambulan por la novela y poco se sabe, aunque se intuye, de su importancia en la misma. Sin embargo, la autora sintió la tentación, errónea, de contar las sombras ocultas en la segunda parte de la novela. Ahí está la trampa. Porque lo que no se contó en la primera parte, no fue narrado porque la protagonista desconocía esas sombras. Al igual que el lector, Amaia es una espectadora que, a veces, forma parte de la acción. Y cuando es parte de la acción la sufre muy de cerca: muertes de seres queridos, violencia doméstica, ausencias. Pero lo que no ve, lo que no entiende, difícilmente lo aprehende más tarde y, sin embargo, nos es narrado en la segunda parte. Y eso, en mi opinión es trampa. En mi opinión, la segunda parte hubiera sido mucho más rica si la autora se hubiera restringido a narrar cómo es el mismo lugar después de muchos años de ausencia. ¿Qué huellas quedan en una persona cuando huye de un lugar y, años más tarde regresa? Aunque parcialmente esa es la segunda parte de la novela, se nos cuentan cosas que quedaron atrás y que no deberíamos saber.
Así pues, la segunda parte destruye un libro que no era malo en un comienzo. Un libro que transmite a la perfección el ambiente agobiante del que habla. Uno es capaz de sentir los dolores de la protagonista, la frustración, la rabia que le quita la vida. Uno puede entender cada uno de sus sentimientos y también el ambiente en el que suceden y por qué suceden. La ausencia del padre, las necesidad de construir una vida sin su figura que, sin embargo, está presente en la sombra, que reaparece cuando menos se espera, provocando un sismo en las emociones. Todo eso es la primera parte que, sinceramente, está muy bien construida. El final de esta parte, completamente en alto deja al lector sudoroso por la violencia que transmite. Una violencia que hace Amaia hacia su familia, pero que se explica por toda la que ella ha ido sufriendo y acumulando a lo largo de los años. La psicología de Amaia es uno de los puntos fuertes de este texto. Cómo ve a sus tres hermanos, cómo ve a su madre, cómo sufre, su desarrollo de niña a mujer. Sí creo que está bien.
En la primera parte el lector se hace muchas preguntas cuya respuesta sólo adivina. No es difícil pensarlas viendo lo que se narra. Me gustó mucho poder pensarlo, que se me diera la oportunidad de ir más allá por mí mismo. Por eso no admito, me parece tramposo, que todo eso que no se dijo-porque quien debía decirlo no lo hizo--se cuente, insisto y que además lo cuente alguien que no puede saberlo, o no debe saberlo.
En fin, no. No es un buen libro y a pesar de que me lo recomendaron, no lo recomendaría a mi vez. Puntuación 4/10
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