Ese oscuro objeto de deseo llamado constitución del 78
La Constitución, ese elemento abstracto al que los partidos políticos, generalmente de derechas, se agarran como a un salvavidas cuando algo les disgusta. La Constitución, así escrito. Como una virtud teologal, la Fe, la Esperanza y la Caridad (o son estas de las otras, tengo un tanto oxidado el tema religioso). Pero así, con ella y su nombre al cielo pero sin saber muy bien de qué se habla. Es sólo La Constitución.
Espero no ser el único al que cuando alguien clama en su nombre, me suena a rancio. Me suena a una excusa para no avanzar o para no dialogar, cuando ese texto fue, precisamente, fruto de un prolongado diálogo que dio para un pacto de mínimos en un momento histórico donde no se podía hacer más.
Pero 42 años después el texto en cuestión, y mucho de su contenido no ha envejecido tan bien como el resto del país y aunque quizás lo podemos tener de referente una revisión allá y otra acá no estará de más. Envejecer es, también, saber adaptarse a las nuevas circunstancias y esto vale lo mismo para los humanos, que para un texto legal. Porque la sociedad, por suerte, no es la misma que la del 78, ni lo es el país. Parece, y sólo parece porque parece que los milicos andan traviesos estos días, que ya no hay riesgo de un golpe de estado que derribe las frágiles estructuras del estado. Ni que los comunistas vengan a comer niños o. quemar iglesias como en el 31. Podríamos suponer que todos esos miedos, 42 años después están superados y que habría que avanzar hacia delante. Pero a muchos les da pánico y prefieren mantener un status quo que a muchos nos huele a viejo. Piensan que modificar la constitución, que no sería modificarla, sino adaptarla las nuevas realidades del país, equivaldría a destruir la nación, a cambiar todo. Lo que temen, en el fondo, es que haya más democracia que la que establece aquel texto. Perder privilegios que no perdieron entonces.
Pero dejemos de hablar del texto ¿por qué me parece un ente abstracto sin verdadero significado? No me avergüenza decir que nunca he leído la constitución. Obviamente, no es un libro de sobremesa, pero creo que todo buen ciudadano, y me incluyo, debería conocer mejor lo que se incluye en su ley fundamental. Pero ese derecho se nos ha negado. Nunca se ha dado la oportunidad, reforma educativa, tras reforma educativa, de conocer, no digo ya de leer, el texto que nos rige a todos. Se la nombra, como digo, en abstracto, pero no sabemos qué incluye. Sabemos lo que nos han dicho que dice. Sabemos cuando nos dicen que se va a romper, pero no las razones por las que existe el miedo a esa ruptura. La conocemos de oído y todos escuchamos bastante mal o se nos dicen las cosas que conviene, no las que de verdad hay. Porque nadie ha considerado que se estén violando derechos constitucionales con los desahucios (y se dice que todo ciudadano tiene derecho a una vivienda digna) o con que no se cambie el título relativo a la corona, o se les olvida que existen 4 lenguas constitucionales (no sólo cooficiales). Pero, recalco, se nos llena la boca, sin saber muy bien de qué, cuando dicen que se está violando la constitución. De esta manera, en el fondo les estamos haciendo el juego. Hemos permitido que se apropien de ella, que la enarbolen como un arma, pero sólo cuando les conviene a ellos, no cuando nos conviene a los ciudadanos. Y les interesa mantenernos ignorantes, para poder apropiarse de este símbolo.
Pero honestamente, quizás si la conociéramos un poco más, seríamos capaces de entender dónde y cómo cambiarla. Que no es inamovible y que en 2020, casi 2021 podemos reformarla, adaptarla de verdad a las necesidades de una sociedad que ha evolucionado y que necesita otra ley fundamental, o quizás la misma, pero con maquillaje. Y deberíamos ser capaces de dejar enarborlarla como arma, como ese objeto de deseo en que se convierte, sólo cuando conviene.
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