La anormalidad de la escuela concertada
Los primeros gobiernos socialistas, hace ya 40 años, imaginaron o se valieron de un concepto que no era novedoso: el concierto educativo. En un momento de aumento poblacional y en el que se iba a prolongar la educación obligatoria desde los 14 a los 16 (EGB frente a ESO) existía una escasez considerable de escuelas públicas, así como institutos.
No obstante, existían no pocos colegios privados que daban a sus alumnos todo el espectro educacional existente (EGB, BUP y COU).
Así pues, y dando un brochazo ancho, se propuso hacer un concierto: la educación obligatoria (primaria y secundaria, hasta los 16) sería financiada, al menos parcialmente, por el gobierno (posteriormente y con la trasferencia de las competencias educativas, las CC.AA). De esta manera, se salvaba algo de dinero al erario público porque no había que construir urgentemente cientos de centros escolares nuevos ni tampoco convocar nuevas plazas de funcionarios de educación. Esto benefició a las instituciones que vieron que no sólo no perdían estudiantes, sino que los ganaban ya que muchos centros se encontraban en zonas céntricas de las ciudades y a los padres les interesaba más tener al niño cerca que en un conjunto más alejado o, por el contrario, lo podían mandar a un colegio privado sin que éste fuera tan caro, aunque todavía hubiera que pagar tasas de las que están libres los públicos.
Pero no dejaba de ser una anormalidad. Un gran número de colegios concertados son religiosos. Y se les permite, en un estado que brega por la aconfesionalidad, mantener elementos religiosos y educar en los principios de una educación cristiana que, en mi opinión, en un país moderno como España, no debería tener cabida en una escuela financiada por el estado. En segundo lugar, al ser colegios quasi públicos, hace que las CCAA no luchen por el establecimiento de centros públicos en lugares donde existe uno concertado porque, obviamente, sería competencia ¿desleal? Así, el estado se ahorra la construcción del centro, el contrato de personal y beneficia a instituciones religiosas que ganan no poco dinero. Así pues, se beneficia una educación privada en detrimento, una vez más de lo público.
Se tiende a pensar que la educación privada es mejor que la pública. Es una falacia bastante elegante en general. Aún teniendo la misma educación, digamos, Filología, los profesores públicos pasan un proceso de selección, oposiciones, por el que no pasan los de un colegio concertado que son contratados de manera privada por una empresa. Aunque no lo parezca, la necesidad de preparar una oposición es significativa porque obliga al opositor a prepararse concienzudamente en términos como programación, preparación de clases y otras cosas. No digo que los miembros de la concertada no pasen por ello, claro que sí. Pero no tan profundamente.
Igualmente, está demostrado que muchos colegios concertados son ampliamente elitistas y no admiten a cualquiera entre sus alumnos, lo cual, de nuevo, en un país democrático donde la educación es un derecho y no un privilegio, debería estar prohibido, al menos con dinero público. Una institución privada que se financie con sus propios medios, tiene, obviamente, todo el derecho a incluir entre sus filas a quien quiera. Pero, en mi opinión, y esto no es más que eso, una institución que recibe dinero del Estado, en cualquiera de sus formas, no debería discriminar por razones de sexo, religión o ideología cosa que sí sucede en muchas escuelas religiosas. En algunas se ha llegado a obligar a bautizar a tus hijos para que pudieran entrar a ese colegio. Lo siento, el que quiera un cura que se lo pague y si de verdad quieres que tus hijos formen parte de esa élite, te lo pagas también.
Por tanto, hay que comprender que la última ley de educación, que no es ni será la última en un país tan anormal como España, quiere, precisamente eso. Si el estado te da dinero y eres parcialmente una escuela pública: no hay imposición religiosa, no hay separación de niños y niñas y no hay otras cosas que no hay en los colegios públicos. Porque insisto, la concertada trata de cubrir la existencia de lo público y de ahorrar dinero al estado. Pero no deja de ser una anormalidad. Que además, les viene excelente a los neoliberales para ahorrarse unos euros y denigrar aún más lo público. Pero es el papel del estado proveer esa educación y si no se puede y hay un colegio que lo hace y se le da dinero público para que cumpla esos objetivos, mala suerte. A todos los efectos el concierto te debe hacer servir las pautas de lo público.
Y la lástima es que no influya esto en que los profesores de la concertada cobren menos trabajando, a veces, más horas lectivas que los de la pública. La jornada es la misma, alrededor de 40h. y sin embargo el hecho de que en la concertada se enseñe mañana y tarde y no por turnos de enseñanza provoca esta diferencia. Y además, esas horas que se enseñan, van en detrimento de la preparación de clases que sí se tiene en la pública y no en la concertada. Y, aún así, cobran menos porque no son funcionarios. Lo que digo, una anormalidad.
Si entiendo correctamente, el gobierno en España está financiando-subsidiando escuelas privadas, ¿pero no regulando sus políticas? Suena como un desastre por qué no existen insentivos para mejorar. Peor aún si no instalan escuelas públicas que pongan las condiciones mínimas aceptables.
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