Almudena Grandes
Hace unas semanas llegaba la noticia del fallecimiento de la escritora Almudena Grandes. Escritora prolífica dentro del panorama español, deja numerosas novelas escritas, colecciones de relatos y sus artículos en El País, donde colaboró con una columna duran varios años.
Voy a empezar, como debe ser por el principio. Como escritora a mí no me satisfacía. Su prosa era básica, un poco infantil. En las obras que he leído de ella, que tampoco son tantas, había un dualismo en el que los buenos eran muy buenos y los malos eran muy malos. En algunas ocasiones me dio la sensación de que sus personajes carecían de la profundidad psicológica esperada en un autora tan valorada. En segundo lugar, el intento de comparar su narrativa con la rica prosa de Benito Pérez Galdós, me resultó arrogante. Sus episodios de una guerra que nunca acaba, que no he leído, aunque espero hacerlo para ver si cambio de opinión, me sonaban a un intento demiúrgico de colocar a los malos en su lugar, pero sin cortapisas para los supuestamente buenos. Todo esto tómese como lo que es, mi opinión. Como dice el refrán, algo tendrá el agua cuando la bendicen. Y si Grandes tuvo tanto éxito es muy probable que mi opinión sea sesgada. Pero no es más que eso, compartánla o no.
Sin embargo, el motivo de esta entrada, en un blog que tengo casi olvidado, no viene motivada por mi opinión sobre la obra de Almudena Grandes, sino por las polémicas generadas alrededor de su nombramiento póstumo como "hija predilecta del pueblo de Madrid" y sobre si colocar placas y recordatorios sobre su paso por la capital de España.
España es un país cruel con sus escritores. Basta echar la vista atrás para comprender esto. Luis Cernuda escribió un enconado alegato en "A sus paisanos" donde reconoce la vileza española para con sus literatos.
No me queréis, lo sé, y que os molesta
Cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende.
¿Culpa mía tal vez o es de vosotros?
Porque no es la persona y su leyenda
Lo que ahí, allegados a mí, atrás os vuelve.
Mozo, bien mozo era, cuando no había brotado
Leyenda alguna, caísteis sobre un libro
Primerizo lo mismo que su autor: yo, mi primer libro.
Algo os ofende, porque sí, en el hombre y su tarea.
A Benito Pérez Galdós, repitiendo nombre, cuántos éxitos se le quisieron negar por su ideología política. A Lorca, asesinado, a Machado muerto en el exilio...Pero después ¿por qué queremos olvidar a Rosales, Ridruejo y otros tanto cuyo bando no compartimos?
La literatura, si aspira a ser un arte universal, carece de ideología (aunque a la vez esté plagada de ella). Podemos decidir qué leer y cada uno tenemos nuestras razones. Pero si es literatura universal reconoceremos que las cosas van más allá de la ideología. Por poner un ejemplo, Juan Manuel de Prada. A quien no he leído, y no tengo intención (de momento). Pero no por ideología, simplemente no me atrae. Pero lo mismo afirmé más arriba de Almudena Grandes, cuya ideología choca con la de Prada. Esta simplista comparación la hago porque siendo Grandes más cercana a mi ideología no entra dentro de mis gustos y no creo que eso sea un problema. Lo mismo al revés. Por poner otro ejemplo similar. He disfrutado mucho de la obra de Arturo Pérez Reverte, lo mismo que la de Javier Marías y, me parece, ambos se encuentran en antípodas ideológicas. Pero los dos tratan de crear un arte, una literatura que, en mi opinión, va más allá de la ideología. Como otras artes, la literatura, creo, debe ser algo de gustos, algo hedonista ¿te transmite, te produce algo, te llama? Si la respuesta es sí, sigue adelante, si la respuesta es no puedes insistir momentaneamente, pero ya. Seguir la línea de gurús en periódicos o revistas puede que provoque que dejemos de leer.
Esta larga e incompleta disgresión, viene, vuelvo al motivo, porque, obviamente, Almudena Grandes era una escritora de izquierdas, feminista y que atacaba a la derecha y ultraderecha españolas. Pero es una de las escritoras más madrileñas que existen. La ciudad sirvió de lienzo en el que construyó su literatura. En sus obras, al menos en las que he leído, la ciudad se convierte en personaje y forma parte del universo de los protagonistas de la obra. Y eso a Madrid, como a cualquier otra ciudad, le es necesario para darse a conocer al mundo.
Yo no conocí Barcelona hasta el año 1996 o 97, no estoy seguro. Sin embargo, antes había leído distintas obras de Eduardo Mendoza que hace de su ciudad un cuadro reconocible y que dan ganas de conocer. Recuerdo que cuando llegué a Barcelona por primera vez quise conocer los escenarios de mis lecturas y así fue. Y cada vez que regreso a la Ciudad Condal busco reconocer esos escenarios todavía. Ya no sólo por Mendoza, también por Carlos Ruiz Zafón, Carmen Laforet o Mercè Rodoreda, por ejemplo. Las ciudades no se describen en guías turísticas. Uno necesita leer a los autores que las describen para conocerlas. La mordaz crítica de Mendoza en "Sin noticias de Gurb" tiene un cierto componente ideológico. Pero es un retrato de su visión de la ciudad y denota el amor que el autor tiene hacia ella. Bueno, todo esto para decir que lo mismo hace Almudena Grandes con "su" Madrid.
Más allá de la ideología de la autora, el ayuntamiento de la ciudad debería dejar de ser miope a la hora de honrar a una escritora que ha hecho, como hace más de un siglo lo hiciera Galdós, como también lo hizo Martín Santos, de Madrid una ciudad universal. Estoy seguro que igual que yo quería conocer Barcelona por lo que había leído sobre ella, mucha gente querrá conocer Madrid por lo que ha leído en la literatura de Almudena Grandes.
Pero la derecha en España está ciega. No son capaces de diferenciar literatura de personalidad. Por eso la polémica en el ayuntamiento de Madrid, que no debería existir. Conceder a título póstumo un título y colocar una placa a quien demuestre su amor por la ciudad, a quien haya sido capaz de hacerla universal, no debería ser una duda. Ni una cuestión política. Son artistas, sin más. Pero lo olvidan y vuelven el ojo a la rencilla personal e institucional. Bajan del olimpo literario o artístico a quien ellos consideran indigno y encima alardean de ello. El problema de esto es que la izquierda también lo hace y manda a la cuneta a quien, según ellos no debe estar en su pedestal. Es más, me apena que la polémica sobre Almudena Grandes esté basada, precisamente, en rencillas ideológicas en el ayuntamiento de la capital de España. La oposición debería defender a la escritora como escritora y no por motivaciones políticas. Y aquí paz y después gloria.
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